miércoles, 9 de febrero de 2022

EL CHICO DE LAS PIZZAS

 

Ella salió de la ducha envuelta en una toalla, aún tenía la maleta en el salón.

Él se la quedó mirando, estaba preciosa recién duchada sin nada de maquillaje.

- Vengo a por mi ropa - le dijo ella con su sonrisa fresca y natural.

- No - dijo él - te queda bien mi toalla

Ella entornó los ojos como fastidiada, pero se sentó en el sofá a su lado y se acurrucò entre él con una sonrisa satisfecha. Al acoplarse le quedó un tentador culo para azotar, pero pensó que mejor darle un respiro.

La puerta de su casa se veía perfectamente desde el salón, así que cuando timbró el de la pizza le arrancó la toalla y le hizo ponerse a 4 patas con el culo hacia la puerta, ella obedeció sin titubear, y él la azotó con la mano hasta que este volvió a timbrar arriba. La piel de ella era delicada así que enseguida enrojecía, por lo tanto su culo ya estaba rojo, por no decir su cara que se estaba muriendo de vergüenza.

Cuando él abrió la puerta, el chico, no pudo evitar mirar hacia donde estaba la gata, además desde allí se veía la jaula que tenían en el salón.

- ¿Te gusta mi gata chico?-

- Mucho señor - dijo el chaval con los ojos saliéndose de las órbitas - si la de mi tía fuese así - añadió divertido - iría mucho más a visitarla.

- ¿Me puedes hacer un favor? - le dijo él - Es un animal descuidado y ha perdido su collar, podrías subirme uno de los chinos de abajo con un cascabel y una correa a juego, negros, el que a ti te parezca más bonito.

El chaval salivaba pensando en entrar en el juego y por suerte ese era su último pedido, Él le dio dinero para su encargo y le dijo - mientras tú me haces este favor, yo voy a seguir castigándole por haber perdido su collar.

Cogió las pizzas y las dejó sobre la mesa, preguntándose que Dios pagano del sadismo le había poseído porque su primera intención era que tomasen las pizzas tranquilamente. Rodeó a gata que seguía obediente a 4 patas, la besó, cogió la fusta y empezó a darle color a su culo hasta que volvió a timbrar el pizzero.

En ese momento el culo y la espalda de la gata eran un lienzo lleno de marcas de distintas intensidades y ella estaba apoyada sobre sus codos, con el cuerpo pegado al suelo para liberar tensión, lo que realzaba aún más su culazo.

Abrió al chaval que alucinó (¡Vaya dos piraos! Debió pensar)

La humillación recorría a la gata, todas sus células la movían a coger la toalla y cubrirse, pero su sumisión natural le hacía quedarse inmóvil.

A él le fluían las ideas sobre la marcha.

- ¿Quieres ponerle tú el collar chico?

- Si señor, claro

Se acercaron a ella, y con un toque de la fusta que ella entendió perfectamente, la indicó que se volviese a estirar. Ella estiró los brazos y el cuello, y el chico le puso un collar con pinchos, buena elección, con un cascabel en el medio y una correa que era toda una cadena menos al final que tenía cuero para agarrar.

- Buena elección - le dijo él.

Y el chaval hasta sonrió con orgullo.

Pero ahí no había acabado la humillación a la que iba a someterla, le dio las pinzas con cascabeles del pecho y le dijo que también se las pusiese, el chaval no se arredró, cogió las pinzas, estudió su funcionamiento, se agachó y no se cortó un pelo agarrando un pecho de la gata con una mano y poniéndole la pinza y repitiendo la misma operación con el otro.

- ¿Quieres escuchar como suenan? 

- Por supuesto señor

- Ya sabes zorra, haz que suenen.

Ella, que estaba roja como un tomate agitó los pechos para hacer sonar los cascabeles y el chico totalmente llevado por la escena la acarició la cabeza y el lomo como si de verdad se tratase de un animal y le dijo - buena chica -

Él le dijo al chaval que se quedase con la vuelta cuando este se la fue a dar sin quitar ojo de la gata y de la jaula que había en el salón, cogió la correa e hizo que ella les acompañase gateando hasta la puerta, ella lo hizo obediente y con evidente práctica. Antes de irse el chico la volvió a acariciarle la cabeza y le dijo a él que siempre que quisiese que le llevase él las pizzas preguntase por Andrés.

Volvió a llevar a su gata al salón, se agachó le quitó las pinzas la besó y le hizo una señal para que se sentase en el sofá, la tapó con la manta y la besó, con furia y posesión y con orgullo de como le había obedecido.

El resto de la tarde la pasaron como una pareja normal, salvo por el hecho de que ella estaba desnuda envuelta en una manta y con un collar y una correa colgando entre sus tetas. Bueno, nadie es perfecto.


miércoles, 8 de diciembre de 2021

Chinchetas

 

Una vez que llegaron a Madrid se dirigieron al hotel, bonito y céntrico, que además de la cama, tenía una mesa, unas sillas a un lado, y una mesita con un sofá doble al otro. Además tenía una columna en mitad de la habitación que a él le hizo poner a funcionar su lado cerebral de sádico, no acababan de cerrar la puerta y ya estaba desnudándote, esta vez ella protestó un poco, quería ducharse, arreglarse, pasear, pero sus protestas no le sirvieron de nada. En un abrir y cerrar de ojos ya estaba sentada en el suelo y atada a la columna. Sus manos atadas hacia atrás, sus tetas rodeadas de cuerda, lo que las hacía más tirantes y grandes, y a su vez sujetas a la columna lo que la inmovilizaba aún más, también le pasó un par de vueltas de cuerda por la boca para que estuviese calladita, le tocó el coño  para cerciorarse de  que estaba húmeda y excitada a pesar de sus protestas, le besó la frente y le dijo dulcemente:

-          Cariño tengo que ir a una ferretería – ella entornó los ojos y pensó que no sería a por más cuerda.

Le metió un consolador en el coño y cuando salió puso el cartel de no molestar por si las moscas.

Cuando volvió, comprobó que el consolador había salido disparado y que ella tenía mirada de pantera hambrienta, vació la mesa y volcó un bote de chinchetas por la mesa, la miró con cara de cachorrito y le dijo que era algo que siempre le había apetecido hacer, la desató todo menos las tetas y le hizo ir gateando hacia la mesa, le encantaba ver ese culazo, la levantó y le ayudó a subirse a una silla para que se pudiese sentar sobre ellas, ella lanzó una especie de gemido mezclado de dolor y placer, luego cogió un puñado y apretó su coño con ellas, algunas se clavaron, otras quedaron medio pegadas, fue a la maleta de ella y empezó  a subirle una braga por las piernas, cuando llegó al borde de la mesa la puso otra vez de pie en la silla cogió otro puñado de chinchetas y lo echó en las bragas y se las subió. Le dijo que se pusiese los vaqueros y la camiseta que llevaba, ella como siempre obedeció. El dolor era a la vez intenso y excitante, y se fueron a dar una vuelta por Madrid como dos turistas más, charlaban, se reían y ella a veces ronroneaba quejándose, se paraban en algún rincón a besarse y el la estrujaba el culo, no veía el momento de volver a casa y follárselo.

Durante la comida, el estar sentada sobre las chinchetas fue un tormento, pero no tenía intención de rendirse, era una sumisa tozuda. Ël se estaba convirtiendo en un depredador insaciable que se alimentaba de la entrega y del sufrimiento que le mostraba, cuando se lo dijo a ella, que le inspiraba cuotas de sadismo y dominación que hasta a él le sorprendían, ella le sonrió y le dijo al oído: mi Lobo hambriento.

Y el lobo agarró a su presa y se apresuró con ella al hotel, no iba a tardar un segundo más en devorarla, curiosamente en el restaurante, de estilo retro, sonaba Lobo hombre en París.

domingo, 28 de noviembre de 2021

MARCEL

 

Lucía estudiaba bilogía en la Universidad de Santiago de Compostela aunque ella lo que quería ser es cocinera, pero en su casa eso les parecía una idiotez. Era el año 1987 y había pocas escuelas de hostelería, por no decir ya estudios superiores. Así que se matriculó en biología pensando en especializarse en algo relacionado con la nutrición.

Cuando entró en un bar del Franco, típica calle de tapeo y vinos en Santiago de Compostela y vio a ese tío apoyado en la barra, le dio ganas de llamar a su madre para decirle que acababa de conocer a su yerno.

El francés medía 1,80, era moreno con unos ojos oscuros casi negros, una boca que invitaba a besar,  un cuerpo atlético y fuerte con unos brazos musculosos, pero realmente Marcel lo que trasmitía era seguridad, parecía que con solo mirarle ya podías confiar en él.

Lucía, con 18 años, era un regalo ambulante, 1,67 de estatura, morena, con unos intensos y expresivos ojos verdes, un cuerpo voluptuoso con generosas curvas y ningún complejo a la hora de mostrarlas y un estilo personal que no pasaba desapercibido, lo que quizás le hacía ser un poco engreída, pero la verdad es que si quería a alguien solo tenía que acercarse y sonreír.

Lucía se acercó a la barra, donde estaba el francés y le rozó sin querer, cuando Marcel, que así se llamaba, la miró, quedó prendado de ella. Marcel hablaba perfectamente español, tenía 25 años y estaba trabajando temporalmente en Santiago en una promoción que se estaba llevando a cabo del Camino de Santiago en Francia, él era arquitecto y tenía que documentar los monumentos más significativos desde Santiago a Roncesvalles, se podía decir que iba a desandar el camino.

Esa misma noche, Marcel y Lucía ya la pasaron juntos, en el piso de él. Aunque Lucía no era en absoluto virgen, estaba claro que Marcel le daba mil millones de vueltas en lo que respecta al sexo, no solo por su edad, sino también por su experiencia, y Marcel tenía unos gustos peculiares, de hecho por esa época aún se pensaba que eran un trastorno de conducta.

Cuando llegaron a su piso enredados en besos violentos y lascivos, Marcel se dio cuenta que Lucía respondía perfectamente a sus mordiscos y su fuerza así que empezó a pulsar pequeños botones.

La separó de él y le pidió que se desnudase, ella le miró y con esa mirada pícara que podía hacer derretirse un iceberg empezó a desnudarse seductoramente, sin dejar de mirarle hasta que se mostró ante él sin ningún pudor con ese cuerpo perfecto que con 18 años desafiaba las leyes de la gravedad orgulloso. Marcel se acercó y cuando ella fue a desabrocharle la camisa, él le agarró con sus enormes manos, le echó los brazos atrás y sujetó sus muñecas solo con una mano mientras que con la otra le cogía la cara y mientras se la acercaba le susurró: “El ritmo lo marco yo”

El sentido común de Lucía le decía que saliese corriendo, que probablemente este franchute sería un psicópata que iba a descuartizarla, pero su coño empezó a dar palmas y tomó posesión del cerebro, a partir de ese momento su coño iba a amotinarse muchas más veces.

Marcel le preguntó si confiaba en él y, obviamente, el coño mandó una orden directa al cerebro, y Lucía le dijo que sí. Hay que reconocer que tuvo la gran suerte de que Marcel no era un psicópata porque sino esta historia la habríamos acabado aquí.

Marcel, muy en plan película erótica de los 80, cogió una cordón azul que sustentaba el fruncido de las cortinas, cogió las muñecas de Lucía y se las ató detrás de su espalda, dejándolas apoyadas justo donde comenzaba la curva de su culo, tan apetitoso, invitando a ponerlo color cereza con unos buenos azotes, y así hizo Marcel, no pudo reprimirse, aún arriesgándose a que esto pudiese asustarle y la perdiese incluso antes de poseerla, porque Marcel tuvo claro desde el momento que le sonrió en el bar, que quería poseerla, pero de verdad, quería que fuese de su propiedad, no, quería que fuese su propiedad.

Marcel arrastró a Lucía y empezó a azotarle y a masturbarle ese coño que había tomado el mando, y ella se abrió como un torrente de perversión y empezó a correrse una y otra vez, hasta que a Marcel empezó a dolerle la mano y a Lucía empezaron a caerle las lágrimas, no sabía muy bien si de dolor, placer o puro agotamiento. Marcel le miró a los ojos, y no vio en ella miedo, percibió una lujuria, un vicio, un deseo que les invadió a ambos. Esa noche la folló de todas las maneras posibles, le mordió esos pezones desafiantes que pedían ser torturados, le amorató los pechos y le despertó puntos de placer que ella ni sabía que existían. Se corrió y llegó al orgasmo tantas veces que hasta creyó perder el conocimiento y pensó que nunca iba a poder sentir tanto placer, en eso se equivocó, porque Marcel despertó en ella instintos y gustos que la hicieron llegar al paraíso muchas veces en los dos años que duró su relación.

La ruptura de Marcel y Lucía no fue traumática, él no pudo alargar más sus estancia en España y ella aún tenía que acabar sus estudios, en esa época no había ni internet, ni video llamadas, así que una relación a distancia no era muy cómoda, además Marcel sabía en su interior que tenía que dejarla en libertad, que tenía que darle la oportunidad de experimentar como la había tenido él, sabía que nunca iba a tener una tesoro así en sus manos, quien sabe, a lo mejor, algún día volverían a encontrarse.

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

La Jaula

                                                      LA JAULA 

Gabriela había hecho amistad en fetlife, Juan; con el que intercambió el teléfono. Sus conversaciones fluían sin problema, en principio de una manera totalmente vainilla, pero un día saltó la chispa y empezó a haber entre ellos algo sexual.

Las circunstancias pandémicas que estaba viviendo la humanidad no les permitía quedar en persona. Cuando se empezó a abrir la libre circulación entre los municipios gallegos acordaron que ella iría a su ciudad a conocerlo.

Ella le había contado alguna de sus fantasías, así que él le había preparado una sorpresa.

Gabriela estaba super nerviosa, se había puesto un vestido negro, que aunque no era muy escotado, le gustaba mucho como le quedaba.

Juan también estaba nervioso, no hacía más que probarse camisas delante del espejo. Y no se había afeitado la barba en toda  la semana porque sabía que a ella le gustaban las barbas.

A pesar de las mascarillas y de la gente se reconocieron en seguida, e igual que había pasado con el teléfono, enseguida empezaron a hablar como si se conocieran de siempre.

Cuando llegaron a la puerta de su casa  Juan le preguntó si se fiaba de él, ella contestó que sí, y antes de abrir la puerta le puso una venda en los ojos, abrió la puerta, le ayudó a entrar y notó como ella temblaba ligeramente, mezcla de la excitación y no iba a negarlo, un poco de temor.

Ella escuchó como se cerraba la puerta a sus espaldas, él le bajo la cremallera del vestido, y se lo deslizó hasta que cayó al suelo. Gabriela se había puesto un conjunto rojo y negro de ropa interior con un liguero a juego, le complació el conjunto y decidió no despojarla de él. Le preguntó si llevaba los “juguetes” que le había pedido, ella le dijo que sí, que estaban en su pequeña maleta de mano.

Juan hurgó hasta que encontró la mordaza tipo bit y las bolas chinas. La besó dulcemente en los labios y le puso la mordaza. Ella notó como la excitación estaba venciendo a todos sus temores. Él se agachó y le quitó los botines con delicadeza, repasó con sus dedos todas las líneas de su cuerpo y le pasó la mano por su coño notándolo húmedo, también comprobó que le había obedecido y llevaba su plug puesto.

Le separó un poco las bragas y le metió las bolas de un solo movimiento, estaba más que lubricada con su humedad, se levantó mientras besaba su cuerpo y al llegar a los pechos le separó el sujetador lo justo para ponerle las pinzas, ella estaba quieta, su sumisión natural la llevaba a esperar a que él hiciese todo lo que quisiese de ella, y aunque no le conocía en persona hasta ese momento, desde hacía mucho sabía que podía confiar en él.

La baba ya empezaba a caer por su barbilla, y él se la lamió con hambre y pasión. Sacó unas esposas que llevaba en el bolsillo de su chaqueta y le esposó las manos a la espalda, la agarró del pelo y la empujó unos pasos en la casa hasta el salón ahí la hizo arrodillarse con autoridad y la empujó dentro de algún tipo de caja, oyó como se cerraba una puerta o algo similar y le pareció oír un candado. Ella estaba allí de rodillas, quieta, con la cabeza baja en posición sumisa.

Él, a propósito, dejó pasar unos segundos en silencio, segundos que a ella le parecieron una eternidad, de repente notó como unas manos desataban el pañuelo que le tapaba los ojos y así pudo ver que estaba arrodillada dentro de una jaula, sus ojos se iluminaron con placer y lascivia al ver el bulto  que se hacía evidente en el pantalón de Juan, este se sacó su fantástica polla y ella se acercó golosa a lamerla sacando su lengua entre el bit. El solo le dejó saborear su líquido preseminal, luego sacó una cuerda, la atrajo hasta los barrotes y ató su cuello a ellos, empezó a masturbarse y derramó una inmensa corrida por su cara y por su pelo, tan peinadito y limpio que lo llevaba, por su espalda, cuando se quedó satisfecho, la desató de los barrotes, le señaló a un cojín y un bol de agua que había dentro de la jaula y le dijo:                          

-          Vado a fare un aperitivo con amici – y puso una cara entre divertida y perversa. –Si tienes sed creo que podrás beber con esa mordaza, ponte cómoda.

Se dio media vuelta y salió del piso, dejando allí a una fiera enjaulada, caliente, excitada, húmeda, con el semen resbalando por su cuerpo, que no podía limpiarse y que no recordaba haber estado más salida en su puta vida.

Mientras Juan estaba tomándose algo con sus amigos, no podía apartar de su mente el animal enjaulado que tenía esperándole en su casa. Por una parte esperaba que no se hubiese enfadado por haber empezado jugando tan fuerte, por otra la cara de lujuria con que le había mirado no parecía muy enfadada, quizás frustrada. Y de repente imaginándosela en la jaula, sin saber a que hora volvería, el tiempo que iba a someterla a la tortura de la espera, su polla volvió a tomar vida, una vida muy visible incluso, así que se disculpó con sus amigos y volvió a casa lo más veloz que pudo ya que su polla ya le estaba tomando delantera.

Cuando Gabriela escuchó abrir la puerta se puso de rodillas y se acercó a los barrotes con expectación, pensando en qué se le habría ocurrido al cabronazo ahora.

-          ¿Me has echado de menos? – Evidentemente Gabriela seguía amordazada, así que puso los ojos para arriba todo lo que pudo y se topó con los abultados pantalones de él, así que sacó su lengua golosa entre el bit y se relamió.

Juan no esperó un minuto más, sacó las llaves de su bolsillo, abrió el candado de la jaula y la sacó de allí, pasó su dedo por su escote y su barbilla que estaba llena de babas por la mordaza, se la quitó y la besó en los labios, ella le miraba lujuriosa, pero acostumbrada a guardar silencio en las escenas si nadie le decía lo contrario no abrió la boca aunque ya no estaba amordazada.

La empujó gentilmente hacia la mesa del comedor, que ya estaba preventivamente vacía, le abrió las esposas, le quitó el sujetador del todo y las pinzas, mierda no se acordaba que le había dejado las pinzas puestas, tenía los pezones amoratados, y al abrirle las pinzas no pudo reprimir un ligero quejido, él se agachó y le lamió los pezones con delicadeza para aliviar la tortura involuntaria a los que se los había sometido notando con su lengua las marcas que habían dejado las pinzas.

La ordenó desnudarse del todo, la tumbó en la mesa esposó sus manos delante y las unió con una cuerda por encima de su cabeza, se desnudó ante la atenta mirada de ella, se subió a la mesa con agilidad y se puso de rodillas dejando el cuerpo de ella en medio de sus piernas, le rozó la boca con la polla pero no se la dejó ni saborear, ella gimió con frustración. Juan se acercó a su coño, empezó a pasar su hábil lengua por él, lamió sus labios, su clítoris, y dejaba que de vez en cuando que su polla tocase la boca de ella pero sin dejársela catar, cuando ella estaba a punto de alcanzar su clímax el paraba y volvía a tentarla acercando su polla a su boca, a la tercera vez que la llevó al límite, le acercó el culo a su boca y le ordenó que se lo comiera, ella estaba desesperada por correrse, así que se aplicó con avidez, Juan ya no aguantó más, se bajó de la mesa, desató la cuerda que la sujetaba a la mesa, la arrastró por las piernas al borde de la mesa, le arrancó las bolas chinas y empezó a embestirla como un semental, le ordenó que se corriese y ella lo hizo, vaya si lo hizo, llegaron al orgasmo a la vez, acompasados y él jadeando descansó su cuerpo sobre el de ella, que también estaba exhausta, aún esposada y con el plug en su culo, pero con la felicidad dibujada en su mirada.


 

 

 

 

 

 

lunes, 28 de junio de 2021

LA ENTREGA (para mi)

 

LA ENTREGA (para mi)

 

Cuando retomé el twitter y el blog, escribí algo de como sentía la entrega y de como pensaba que la quería sentir. De hecho, era tan poco yo, que la he borrado. La tengo guardada en el ordenador y la he releído y no me reconozco, no solo por decir que no iba a volver a sentir la entrega, que eso lo pensaba hasta hace nada, sino por la cantidad de tonterías que me pasaban por la cabeza.

Muchas veces leo sobre BDSM, no solo libros, también artículos, blogs, incluso en ocasiones alguien tiene la osadía de decirme, sin conocerme en absoluto, que no debo ser buena sumisa, al parecer no doy la imagen de sufrimiento y sacrificio que debe dar una sumisa, incluso una vez un supuesto dom, me acusó de ser demasiado feliz.

El BDSM no es un camino de rosas, y que no todo es tan bonito como lo pintan, que hay malos momentos,  sí, pero, ¿y la vida? No es eso la vida, que a veces parece que el mundo BDSM es ajeno a la vida cotidiana.

En mi primera experiencia D/s no había fracaso, había experimento-error, experimento-éxito. A lo mejor era porque los dos éramos de ciencias y muy jóvenes. Todo era diversión, cosas nuevas, también dudas y el sentirnos unos bichos raros pervertidos, por supuesto, ¿quién no ha creído ser un bicho raro cuando se ha descubierto que le gustaban ciertas cosas? Sobretodo en el pleistoceno, que es mi época de inicio.

Pero en ese momento, el no llamado aún BDSM, me abrió el camino a como quería vivir mi vida y, siempre que las circunstancias me lo han permitido, he sido fiel a ello, y no me refiero solo al BDSM, sino a no someterme a ciertos patrones preestablecidos de una sociedad que a día de hoy sigue siendo en su mayoría rancia y tradicional en muchos aspectos, pues imaginaros hace 30 años.

Pero, cuando hace eones retomé mi vida BDSM, aun reconociendo que viví muy buenos, buenísimos momentos, también es verdad que vivía mi entrega de una manera más dramática y, aunque siempre he sido muy cerebral, a veces, cuando no conseguía mis metas como sumisa, me rayaba la cabeza demasiado. A veces creo que como sumisas, y hablo en femenino porque hablo de mi, confundimos las metas, hablar de fracaso porque no has soportado un plug o unas pinzas me parece excesivo, y eso es lo que yo he aprendido de la entrega con el tiempo. Y os digo una cosa, el que era mi Amo por entonces, no hacía más que animarme, era yo la que le daba una dimensión mística exagerada, probablemente por las ganas que tenía de volver a vivir esa entrega, la sobredimensionaba, hasta tal punto que acabé tan harta que la infradimensioné (creo que esta palabra no existe).

Luego vinieron mis “Séculos Escuros” y me pasó como a mi lengua madre, consistió en un terrible periodo de decadencia anímica, bedesemera y de todo, drama Queen total.

Y ahora, con mi Amo, a veces Tranquilo como Sean (Thornton o Mercer, me valen ambos) a veces Oscuro como Vader, creo que he descubierto el verdadero significado de la entrega (más vale tarde que nunca).

Para mí, repito, para mí, la entrega es que mi Amo pulse botones que creía desconectados y de repente se enciendan, que le falle y me sienta mal, que me pida sobrepasar límites y lo haga y me sienta viva al hacerlo, pero sobretodo que sepa que si no los traspaso, no habrá sido un fracaso y, que aunque le guste llamarme sumisa de todo a cien para putearme, no habré perdido ni un ápice de mi valor como persona ni como sumisa.

Para mi la entrega es sentirme mal cuando fallo, porque todas las células de mi cuerpo quieren complacerle, pero también es saber que ese fallo no afecta para nada al resto de mi vida, que nunca me hace sentir inferior.

¿Hay cosas que no son perfectas? Of course. ¿Hay cosas que me gustaría que cambiasen? Pos claro. Porque el BDSM es vida y quien os diga que en su vida es todo perfecto es probable que mienta o beba, mucho.

¿Estoy orgullosa de que el plug me entre y salga ya del culo como un supositorio infantil? Sí, pero evidentemente sé que tengo logros mucho más importantes en mi vida. Entonces, podéis preguntaros: ¿Qué sacas de lo del plug o cualquier otra orden? Satisfacción, felicidad, diversión, sí, porque para mi el BDSM es divertido, y, una conexión con mi Amo, que nadie que no lo haya vivido lo podrá entender.

Este fin de semana mi Amo me dio una orden que estaba prácticamente segura que no iba a ser capaz de llevar a cabo, es que no tenía intención ni de intentarlo, la verdad, y de repente me llegó un mensaje de él y: “Babidibabidibu”, fue como si me dijese unas palabras mágicas y me lancé  a ello, y en ese momento, que estaba haciendo algo totalmente transgresor, que nunca había hecho por nadie en mi vida, sentí nervios, vergüenza, excitación, orgullo, me sentí suya, pero lo más importante, me sentí viva.

Y si no puedo, me siento mal, pero no triste, y si Él no puede me asilvestro, lo que viene a ser que me quejo y protesto, pero no me entristezco, y echo de menos a Amo, pero no me pongo triste ni me siento abandonada como le digo a Él para incordiarlo (ahora si lee esto voy a tener que cambiar de táctica de asilvestramiento).

Tengo claro lo que quiero que sea mi entrega ahora:

algo que me haga sentir suya, pero que siga siendo mía cuando haga falta,

algo que me llene, pero que si me llega a faltar, no me haga sentir vacía,

algo que me duela, pero que ese dolor empape mi coño,

algo que me haga sentir mal si le fallo, pero que me haga sentir plena cuando me corrige o castiga,

algo que me gustaría sentir a todas horas, pero que en realidad siento a todas horas en mi interior,

en definitiva,

algo que me haga sentir viva en toda la plenitud de la palabra “vida”.

Y repito, esto es lo que YO SIENTO, no es un artículo de la universidad de Gor sobre la entrega, a mi no me dieron el título de sumi.

No intentéis hacer esto en casa solos sin la supervisión de un Amo.

 

domingo, 14 de marzo de 2021

YO TENGO EL PODER

 

YO TENGO EL PODER

 

 

El camino de las relaciones BDSM es largo, uno no acepta la relación Amo-sumisa, y ya está todo hecho (y hablo en estos términos de géneros porque hablo de mis vivencias, no estoy escribiendo un tratado científico).

Hay que ir evolucionando y aprendiendo el uno del otro, retroalimentándose, el feedback que le gusta tanto a mi Amo.

Nosotros, en los pocos meses que llevamos de andadura, vamos descubriéndonos y amoldándonos.

Yo no estoy de acuerdo en  que hay que educar a la sumisa, yo ya vengo educada, pero desde luego si que creo que tiene que haber una doma o entrenamiento.

En nuestra relación hemos ido pasando distintas fases de entrenamiento y durante este tiempo mi Amo descubrió que tengo un grado de masoquismo más alto de lo que parecía.

El dolor para mi es importante, me relaja, me alinea, me evade de mis preocupaciones. Mientras mi Amo Implacable está golpeando mi cuerpo con su cálida mano o con cualquiera de nuestros instrumentos, no existe nada a mi alrededor, solo ÉL y  yo, pero no es dolor por si mismo lo que me libera, es el dolor que me regala la persona a la que voluntariamente me someto. No me vale cualquier dolor, no soy solo masoquista, no podría serlo.

A veces leo a otras sumisas o a otros sumisos contar que les han hecho un análisis médico y han disfrutado con las agujas, incluso he leído alguna vez a chicas, decir que el dolor de ciertas pruebas las excita. A mi no. Yo, aunque tengo una tolerancia alta al dolor, si me doy el típico golpe con la mesa, me duele y me quejo y no me gusta. Yo no disfruto del dolor fuera del sometimiento. Tampoco me mola eso de ir a un evento sin Amo y que me canee cualquiera, eso no me pone, si mi Amo me manda que me deje azotar por otra persona sí, pero ir yo sin Amo y que me azoten, lo probé una vez y me dejó indiferente. Como le dije una vez a mi Amo, si irremediablemente tuviese que elegir entre masoquismo sin sometimiento o sometimiento sin dolor, me quedaría indudablemente con el sometimiento a secas. Soy sumisa antes que masoca, sin duda.

Por suerte no tengo que elegir, así que puedo disfrutar de los dos.

Y en esta fase en la que estábamos de mi doma, mi Amo Curioso quería saber cuáles eran mis límites de dolor.

Lo primero que os voy a decir que desde la primera vez que mi Amo Cuidadoso y yo quedamos, el insistió en dos palabras de seguridad, una que bajaría el ritmo de la sesión y otra que la pararía o, cambiaría de zona de castigo dependiendo de lo que estuviésemos haciendo. Eso fue la primera vez y ahora las seguimos usando, a pesar de esas tendencias del metaconsenso y de que si dos personas se conocen y confían no hace falta, Él siempre insiste y es lo primero que me recuerda. Evidentemente que los dos tenemos el suficiente sentido común e inteligencia, para que si yo un día le dijese “qué pares coño” el pararía, pero la verdad es que perdería todo el glamour bedesemero.

Así que los días previos a nuestro encuentro ya estuvimos trasteando y tocando mis puntos de dolor. Además las ordeñadoras y el entrenamiento con ellas mañana y tarde, han conseguido que mis pezones estén especialmente sensibles 24/7.

Así que llegado el día, la sesión fue especialmente dura, la cuestión, pactada entre ambos, era saber hasta donde podía llegar mi aguante.

Si hay algo que me gusta es que mi cuerpo sea un lienzo en manos de mi Amo Artista y que empiece a dibujarse, primero con rojos intensos que con el tiempo cambian a amarillos  y morados. Y que durante los días posteriores sienta ese dolor placentero al moverme, vestirme e incluso ducharme.

Y esta vez las marcas han sido muchas y por todo el cuerpo, en unos días no me podré poner escotes ni mangas sisas y el dolor del pecho ha sido más intenso de lo que recordaba haber sentido antes, cuando mi Amo se interesó por mi estado, se lo dije y entró en un bucle de preocupación, que he de reconocer que me gustó mucho, aunque es normal que un Amo se preocupe por el bienestar de su sumisa, pero era totalmente un dolor pactado que yo había aceptado y disfrutado, porque ese dolor que sentía, especialmente en los pezones que parecía que querían salir disparados, lo había elegido yo y me gusta sentirlo y me hace sentir más cerca a mi Amo y me hace sentirme más suya.

Además es que, como le dije, yo tuve el poder durante todo el tiempo de modelar la intensidad de la sesión y de cambiarla y pararla, y ese poder me lo  dio mi Amo Tranquilo, que sabe perfectamente como usar a su esclava, como darme lo que necesito, como hacerme suya sin grandes aspavientos, ni números de Amo supremo, ni promesas vacías.

Mi Amo Grayskull me dio el poder de hasta donde llegar y me dejó llegar a ese lugar que tanto me gusta en el que lo único que quiero es hacer lo que Él quiera, no decidir, no pensar, no elegir. Y encima pude cocinar para ÉL. Yo siempre salgo ganando (salvo en lo de la cocina que ahí salió ganando él,😂😂😂).

De ahí salió la broma de que su vaquita viciosa era como He-man, tenía el poder, y que el siguiente día le iba a recibir con mi camiseta friki de He-man, que os aseguro que está totalmente fuera de la gama de vestimenta que quiere que me ponga cuando nos vemos. Pero bueno siempre puedo arriesgarme y así tener a mi Amo Punisher, que también me gusta mucho.

Y una vez echado este rollo, personas sumisas del mundo, que nadie os haga pensar que no tenéis ni voz ni voto y que por mucho que hayáis pactado o metaconsensuado un “para coño” es  un “para coño” y que el uso de la palabra de seguridad no es un fallo, de ninguno de los dos, que también leo a veces a personas sumisas culpándose y diciendo que han fallado a sus Amos/Amas porque la han usado. 

El camino de la sumisión será duro, largo esto y lo otro que os gusta tanto decir, que algunas personas sumisas parece que vivís en una tenebrosa novela gótica, pero lo que tiene que ser, sin lugar a dudas es diversión, plenitud, felicidad porque incluso los sacrificios que podamos hacer los hacemos porque en nuestra esencia sumisa ese tipo de sacrificios nos da satisfacción y placer. La vida normativa ya nos da bastante sufrimiento extra.

 Y ahora no me queda más que dar las gracias a mi Amo Oscuro por estar ahí y dedicar su valioso tiempo en entrenarme y domarme.

                        ¡Por el poder de Grayskull! ¡Yo tengo el poder!😉




viernes, 19 de febrero de 2021

MEZCLAR CHURRAS CON MERINAS

MEZCLAR CHURRAS CON MERINAS

 

Esta Entrada la escribo inspirada en el tuit que amablemente me dedicó esta señora.



 Antes de nada y por si ella lo lee y no entiende bien el porqué de mi título, voy a tomarme la molestia de explicar lo que significa la expresión “mezclar churras con merinas”, esta consiste en mezclar conceptos o ideas que no tienen nada que ver el uno con el otro, buscar una relación causa efecto inadecuada e inexistente.

Esto es lo que ha hecho esta mujer.

Primero, ha cuestionado mi valía y mi posición social sin conocerme de nada, partiendo de una imagen, o como mucho, por lo que pongo en mi twitter. Recuerdo que cuando me empezó a seguir me llamó la atención. Mi cuenta es de las llamadas B, relacionada con mi vida dentro del mundo BDSM, pero habitualmente devuelvo el follow a todas las mujeres. Ahora, que me he metido en su perfil, veo que tiene más comentarios de ese tipo, aunque también tiene una foto de sus espléndidas piernas, las piernas son bien, las tetas son mal.

Segundo, comparte mi foto personal y hace un comentario despectivo en el tuit, sin conocerme de nada, o eso pienso yo al menos.

Pero lo más llamativo para mi es la relación absurda de ideas, cito textualmente: “Otra mujer luchando para no ser tratada como un objeto sexual. Mañana debatiremos además el por qué de la brecha salarial y la ausencia de mujeres en Comités de Administración.” (por cierto ese porqué va junto ya que hace la función de sustantivo, querida)

Aquí va la asociación con el título: ¿Cuántos conceptos mezcla?

Así a simple vista y si yo fuese tan tonta y superficial como hace creer que soy, yo podría pensar que la culpa de que no se reconozca la valía de las mujeres es mi foto en sujetador. ¡Ojalá! La de años de lucha que os iba a ahorrar hermanas, porque la eliminaría ipso facto y… hemos conseguido la igualdad a un golpe de clic.

Otro concepto mezclado: ya que pongo fotos desnuda, que las tengo mucho peores que esta, me imagino que esas ya herirían la sensibilidad de sus beatos seguidores, todo el mundo tiene derecho a tratarme como un objeto, no me puedo quejar, ergo, si voy por la calle vestida, digamos, provocativa y me meten mano, tampoco me puedo quejar, si voy provocando asumo el castigo. ¿A que os suena esto? No sé, a alguna sentencia machirula, al juicio de la manada. Si una mujer disfruta de su cuerpo y le gusta exhibirlo que asuma las consecuencias y la ira de Dios y los hombres.

Y ya, lo mejor de todo, el hecho de mostrarme así me inhabilita para poder reivindicar cualquier otro derecho relacionado con mi sexo:

-          ¡Jefe, jefe, jefe! ¿Por qué me paga menos que a Borja Mari si trabajo igual o más que él?

-          ¡Ah! Pecadora, un día pusiste una foto en sujetador en twitter, ahí perdiste tus derechos de ser humano para siempre. Quieres derechos, haber nacido sin tetas.

Ya que por todo el mundo es sabido que estar orgullosa de tu físico, sea como sea, disfrutar de tu sexualidad y mostrarte sin tabúes te hace totalmente inadecuada para cualquier puesto de responsabilidad, luego no me vengas llorando.

Claro, eso solo si eres mujer, porque mira el rey emérito, la que ha liado, que se debe haber tirado hasta los agujeros del suelo el tío, me gustaría saber a mi si tendría tantos defensores si esto lo lía la reina.

(Y ya que he corregido la falta de ortografía del tuit, escribo rey y reina con minúsculas, porque alguien me hizo ver que nos han enseñado a empoderar ciertos personajes con el uso de mayúsculas y al igual que él, he dejado de practicar esa felación al poder, y mira que me gusta a mi una buena felación, pero de otro tipo.)

Es más, no he visto en todo el timeline de esta mujer, ningún tuit humillando a un tío que exhiba su polla en twitter, y hay una jartá.

Ahora podría hacerme autobombo y contaros mis estudios, mis luchas por la igualdad, reales no tuiteras de postureo, mi profesión, pero es que eso da exactamente igual.

Soy una mujer libre y si quiero exhibir mi cuerpo no tengo que soportar que nadie del género que sea me diga lo que tengo que hacer o cuestione cualquier otro ámbito de mi vida basándose en lo que publico. Da igual que friegue escaleras o que sea neurocirujana.

Sinceramente, y sin ánimo de ofender, pienso que las mujeres que usan estos argumentos para desacreditar a otras, en realidad están reflejando sus carencias y complejos.

Y… no puedo acabar esto sin ilustrarlo con una frase friki:

“La capacidad de hablar no te hace inteligente, querida” (Qui-Gon Jinn)